Imitas la quietud de la montaña
que te mira envejecer ajena al tiempo
con manos de gigante le hace cuna
a tus últimos días
Un río corre entre los dos
(No es el tiempo)
un hilo subterráneo que la muerte auspicia
sobre su rumor soy el extraño
que te piensa
que te olvida
La montaña no despertará aunque la mires un siglo
con su yacer pesado y profundo
protege del infierno a tus manos
que buscan la sombra y el descenso
(solo las palabras del mal van encendidas)
Su luz extraña siniestra abismal no cura
escribir es abrir la herida
y al mismo tiempo
dejarse estar en ella
con la montaña encima.
Fotografía: Jesús E Galván
